martes, 29 de marzo de 2016

EN  LOS BALCONES DEL CIELO


El  cielo se ha disfrazado.
Las  infinitas nubes que lo cubren han tejido un grisáceo velo donde cada una es un pliegue que toma la forma de balcón, esos balcones de los que quedaron suspensas las eternas promesas entre amantes, en los que, imaginariamente, hemos colgado nuestros sentimientos en más de una ocasión.
Y, ahora, este cielo nos brinda la oportunidad de volver a dejarlos colgados en sus nubes para que alguien, tal vez la persona amada, los lea y piense que, como él, como ella, también otros aman y sueñan.
He recorrido cada uno de esos “balcones”, ese mundo de nubes, leyendo las emociones que  han quedado grabadas en ese mustio cielo y basta una mirada para observar que, tras eses tapiz que inspira melancolía y nostalgia, late, bulle, una línea carmesí, labios que se niegan a perder el color de un beso, o corazones que no se resignan a ser víctimas de la tristeza.
Bajo esa grisácea lámina hay infinitas lágrimas, sonrisas, suspiros y pensamientos que han nacido del alma; por eso, este cielo, que se empeña en dejar un rastro de pena en quien lo mire, no puede evitar que entre sus oscuras sendas se vislumbre un atisbo de esperanza.
Mirarlo es descubrir esos eternos sentimientos que se niegan a ver la luz por temor a ser incomprendidos, rechazados, o a desentonar con aquellos a quienes solo viste la luz, pero ese mismo miedo a ser descubiertos hace que se aferren a un pecho del que no quieren huir, y no lo quieren hacer porque son parte de sus vidas.
Por eso, esos corazones eligen estos momentos en los que el cielo se mutila la luz y ensombrece su rostro; es el lugar ideal en el que esconder esas historias del ayer que aún perpetúan sus sombras, esos sueños del presente que no acaban de nacer, o esas ilusiones del mañana, bengalas sin encender, que parecen no llegar.
Sí, mirar al cielo un día como hoy es sentirse presente en cada uno de esos balcones de los que cuelgan las emociones; y aunque sugieran felices aires del pasado o nostalgia por lo deseado, un irrebatible impulso de amor nace al contemplarlos porque en esas nubes, late, bulle, una línea carmesí, labios que se niegan a perder el color de un beso, o corazones que siempre vivirán aferrados al deseo de seguir amando.

Abel de Miguel Sáenz
Derechos reservados de autor.

Madrid, España.

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