domingo, 13 de marzo de 2016

NADA  SE HA PERDIDO



Había  pasado el tiempo y volví a esa tierra en la que el alma se dejaba un jirón por  cada pensamiento tuyo, y el corazón perdía un latido en cada paso que daba.
Fue época de añoranzas, reñidas con una realidad que parecía negarme ese sueño; pero si ahora vuelvo al lugar en el que mi pecho quedó herido y esperanzado, no es para revivir el pasado, sino para saber qué me dice ahora que te he conquistado.
Pero de esa tierra que conoció mis secretos, ha huido el río que la enmarcaba.
Nunca creí que  una de esas lágrimas, que nació del dolor para morir en tierra, fuera capaz de arrancarle el corazón al río y que este abandonara su curso para arrastrarse tras ella.
Así debió ser, porque del lecho que cobijaba sus aguas y mis lágrimas, solo queda una cicatriz de tierra.
Y hasta el mismo viento se ha ausentado. Ese viento que rozando el rostro me tranquilizaba el alma,
ha huido no se sabe dónde.
¡Quién diría que cambiaría su rumbo, se olvidaría de sus caminos y acompañaría a esos suspiros que di vida cuando te recordaba!
Sí, renunció a su propia vida para compartir, con ellos, su destino.
Ya solo queda el débil murmullo de una brisa como agonizante voz que recuerda que, allí, en otro tiempo, se dejó la vida por un alma y un corazón que lo necesitaba
¿Pero no es verdad que cuando las cruzaba abrazado a tu pensamiento sentía que la vida se paraba?
Tenía la sensación de que el tiempo se mutilaba, se hería a sí mismo intentando cortar los hilos que le arrastraban y quería detener su vida con tal de compartir conmigo esos momentos en los que yo soñaba.
Parece que a ese lugar le han robado algo, esos atributos en los que me recreaba para sentirte más cerca: el río, el viento,…; sin embargo, no han muerto.
Ahora sé por qué, al mirar tus azules ojos o ver cómo una lágrima dibuja en ellos un triste amanecer, contemplo ese mismo río en el que se ahogaron mis pensamientos.
Y también sé por qué  cuando tus labios me llaman o dejan en el aire tus respiros, siento ese viento que me tranquilizaba el alma.
Sí, al volver a ese lugar, nada se ha perdido, solo se ha mudado: tus labios y tus ojos son ese viento y ese río en los que, un día, mi alma se rompió en jirones y mi corazón se dejaba los latidos.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
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