domingo, 24 de abril de 2016

NUNCA SERÁ SUFICIENTE (A todas las madres)


Quiero  aunar en estas letras todas aquellas emociones que una madre despierta cuando  su nombre, (¡”madre!”), cruza el pensamiento.
Y las escribo porque la palabra tiembla, se atropella, se vuelve nerviosa por no ser capaz de abarcar tantos sentimientos; sin embargo, la letra, más atrevida, buscará esos caminos, esas imágenes, esas metáforas, que logren, al menos, hacer vislumbrar cómo es ese mundo de sueños en el que su mero recuerdo nos sumerge o cómo es el inagotable corazón de una madre.
El  mismo Dios pensó que todas las maravillas de la naturaleza, incluido el ser humano,  serían suficientes para, al contemplarlas, respirar la vida, pero sentía que les faltaba esa vena de amor que transforma lo bello en milagro y tomando a la mujer entre sus manos la hizo madre.
Porque una madre es el mayor milagro que nació de la mente de Dios.
Su mirada llena el vacío que dejan nuestras penas, su sonrisa acalla las rebeldes voces de nuestro corazón, su presencia ilumina los oscuros callejones del alma y el roce de su mano limpia las espinas que nosotros mismos sembramos.
Una madre es bálsamo, melodía, ilusión, refugio, esperanza, es esa inagotable fuente a la que todo hijo acude sabiendo que, en ella, encontrará lo que le falta.
El corazón de una madre es ese sol capaz de romper el pecho del cielo para iluminar el mundo y llenarlo de luz; y cuando nadie la reclame, se esconderá en el ocaso, se refugiará en el silencio esperando a ser llamada para volver a incendiarnos con su amor.
Y  a medida que escribo, no cesan de brotar imágenes que vistan de belleza tu recuerdo, hasta que llega el momento en el que la misma creación agota sus recursos y se rinde ante tu presencia. Entonces, miro a Dios para intentar saciar esta pobreza y Él mismo, no encontrando, entre su obra, nada mejor que te pudiera, madre, definir,  dejó caer una lágrima cuando mirándose al corazón vio a su Madre.
¡Qué más puedo decir de una madre si el mismo Dios se emociona cuando en ella piensa!
Habré quedado lejos de esa meta que me propuse porque una madre se vive, se siente, y todo lo que en ella existe supera a un corazón humano.
Madre, te quiero, y me duele  que para demostrártelo estas letras o toda mi vida no sean suficientes, pero yo soy mortal y tú eres un milagro.

Abel de Miguel Sáenz



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