lunes, 2 de mayo de 2016

SIÉNTETE ELEGIDA


Si del vientre de una guitarra  nacen baladas que te cautivan y quejidos que te desgarran; si en el corazón de  la lluvia suenan esos lentos latidos del agua que te enamoran; si del beso entre el viento y las hojas nace una voz que excita tu deseo de amar; si cuando el sol y la luna se rozan la piel en el crepúsculo, tú también sientes que la tuya se estremece; si los cadenciosos balidos de las olas que se abrazan al mar dejan en tu pecho unos suspiros; si sientes, al mirar esas infinitas aguas, que solo eres espíritu; si en un alba te despertó el alegre cantar de las aves y creíste que te llamaban; si el murmullo de una fuente detuvo tu paseo y oíste, en ese balbuceo, el nombre de lo amado; si una suave brisa te acarició y sentiste que eran otras manos quienes lo hacían; si una nube interrumpió el dedo de luz que te hacía soñar y la ausencia del amado sobrevino a tu memoria; si al contemplar una generosa luna sentiste que la noche entera era un infinito espacio ocupado por tus sueños; si esa misma luna dejó una blanca lágrima en los reflejos de una durmiente hierba y recordaste esa velada en la que nació tu primer beso; si uno de los variados y caprichosos colores de la primavera te evocan unos ojos o su aroma de virgen tierra te hace respirar el aroma de unos cabellos; si hasta tu propia sombra te hace creer que es la de aquella a quien amas; si toda la vida te hace sentir, pensar y creer en otra persona, entonces, has alcanzado esa cima por la que el corazón suspira, has tocado el cielo del amor sincero, te has adentrado en los secretos del amor, has descubierto esas fuentes de la felicidad cuyas imperecederas aguas no dejan de manar. Ellas saben que quien ama de verdad siempre acudirá a ellas porque, cada día, amará más.
Abandónate en los brazos de esta vida y deja que cada uno de sus gestos te recuerde a quien amas, por quien vives; deja que te haga sentir ese secreto cielo que has llegado a descubrir.
Siéntete, por el mero hecho de soñar con conseguirlo, elegida.


Abel de Miguel Sáenz

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