martes, 23 de agosto de 2016

ENTRE CORRIENTES


Hoy están ausentes tus latidos, pero el bramar de las olas me hace presente el fuerte deseo que habita en mi pecho por volver a verte.
Son, tus silencios, los causantes de esta lucha que entablan la nostalgia y la melancolía.
Mientras la primera dibuja una sonrisa al pensar en los momentos vividos, la segunda se olvida de ellos y rasga las vestiduras del alma pensando que todo fue pasado.
 Y yo, frente al mar, lucho entre esas dos corrientes dejando que la brisa me sugiera voces de alivio, o dejándome arrastrar por la profunda y última voz de las olas que mueren en la orilla.
Pero ajeno a esta lucha entre aguas rebeldes y tranquilas, tu imagen se ha cruzado en mi mirada como un beso que se pierde en el aire, ajeno a caminos, arrastrando todos esos pensamientos que del corazón nacen cuando te imagino.
Sí, has nacido del mar cuando más lo necesitaba; en el preciso momento en el que el alma tiembla y el corazón se oprime; justo cuando la melancolía pretendía dibujar sus primeras lágrimas, tu rostro vestido de beso y envuelto en brisa me ha rescatado y ha esbozado en mis labios una sonrisa.
¡Qué más puedo pedir a la vida!
Y para colmar este feliz trance, un ave surca el cielo dejando su pequeña sombra sobre la piel de las aguas, pero basta ese tímido roce para que el mar se erice y sienta que el cielo lo visita.
¡Cómo no!, esta pequeña postal vuelve a despertarme esos momentos en los que bastaba sentir tu presencia para que mis temores naufragaran y mi corazón encendiera unas velas sobre el altar de tu recuerdo.
Y seguirá esta eterna lucha entre aguas, que no son sino las emociones y sentimientos que nos habitan.
Sentiremos que, por momentos, nos arrastran o nos infunden una paz.
Pero siempre, más allá de temores y esperanzas, tú cruzarás mi horizonte cuando la mirada se pierda en el mar de la vida y, entonces, en mis labios, en mi alma, se dibujará una sonrisa.

Abel de Miguel Sáenz


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