martes, 6 de septiembre de 2016

PERDÓN POR ROBARTE



                                    Parque del Retiro (Madrid, España)

Déjame que te robe un poco de tiempo, una parte de tu vida, aunque solo sea para decir que te recuerdo.
Sólo es necesario un poco de silencio, frenar las bridas de lo innecesario, abrir la espita del corazón y nacerán aquellos pensamientos que dejaron en el alma un poso de gratitud.
Sí, ahora que el corazón piensa, ha fluido tu recuerdo como brisa que se abraza a las olas y no las abandona hasta morir, con ellas, en la orilla.
Cruzo un parque, es  una tarde de verano, y he encontrado un estanque, recluido entre árboles,  que se asemeja a un corazón de agua.
He creído  llegar al umbral en el que el mundo termina, al reducto de la tierra que Dios eligió como espejo del cielo para que los humanos lo sintiéramos más cerca.
Me he sentado para contemplarlo y, rápidamente, como instintivo beso, han nacido imágenes que a ti me llevan.
Y lo primero que he pensado es que  esas aguas podrían ser  tus ojos o tu alma.
Si fueran los primeros, ahora entiendo por qué  al contemplarlas un etéreo suspiro las recorre y eriza,  suspiro que nace de mi pecho y que, alegremente, en ellas se ahoga.
Y si tus ojos no hubieran sido cincelados con la propia materia del mar, poco importa, porque he cerrado los míos y he sentido que mi pecho se abre al compás que el estanque abre sus aguas, y en un mutuo acto de entrega él me ofrecía tu alma y yo, a él, la mía.
Sí, en este estanque descansa tu mirada y tu alma, las cuales se vistieron de cielo y se escondieron en estas aguas, de las que solo nosotros conocemos su secreto.
Sean  espíritu o  cuerpo, los sentimientos claudican ante ellas y abandonan este mundo, pues hasta en el mero eco de sus pequeñas olas late lo divino.
Perdona, ya te robado demasiado tiempo, una preciada parte de tu vida, pero no tanta como la que tú, al recordarte frente a estas aguas, me has devuelto.


Abel de Miguel Sáenz

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