lunes, 17 de octubre de 2016

CUANDO EL VIENTO HABLA


Su único fin era encontrar el lado  más bello de todo cuanto la rodeaba y, un día, subió a la cima de un monte con  el fin de descubrir los nuevos rostros  de esa belleza.
Las vistas que se le ofrecían eran el preciado tesoro que un alma busca cuando desea la paz, el modelo perfecto del pintor que quisiera plasmar un milagro, las idóneas musas con las que un escritor sueña o el espacio perfecto para que un corazón se sintiera eterno.
La rodeaba el silencio, y cada lugar en el que su mirada descansaba era fuente de pensamientos que se transformaban en deseos.
Pero cuando ese silencio se hacía dueño de su alma e iba escribiendo las infinitas bellezas que contemplaba, una leve voz, como un tímido suspiro, tiñó ese ambiente de magia.
Lejos de interrumpir la armonía contemplativa, esa voz la hirió de amor.
Era el viento, pero no una simple corriente de aire; ese viento era los mensajes que traía y llevaba entre los parajes por los que cruzaba, y los dejaba en el aire para que alguien los recogiera.
Maravillada por sentirse privilegiada conocedora de las voces de la naturaleza, esas que solo escuchan quienes se adentran en la intimidad de su alma, quiso formar parte de ese diálogo; ser, ella, una de esas voces, por lo que liberó sus sentimientos para que el viento los recogiera y los llevara a la naturaleza contemplada; mientras, ella esperaría a que el viento le trajera la respuesta.
 Y cuando sus ojos escribieron una mirada de pureza en un exiliado nevero que sobrevivió a las luces de la primavera, el viento le devolvió ese sentimiento que nació en ella cuando, por primera vez, besó.
Reconfortada, sintiendo que en su pecho nacieron nuevos labios que reclamaban más aire, buscó otro paisaje que los saciara.
 Su mirada, una mirada que flotaba somnolienta, se dejó caer entre los verdes brazos de una hierba que dormía junto al lecho de su amante, el agua.
Una felicidad que debía llevar guardada por un inmortal recuerdo, se dibujó en sus ojos, algo a lo que el viento no fue ajeno.
Poco después, cuando en sus sueños aún se abrazaban ese recuerdo y la hierba, el viento le recitó las mismas palabras que ella oyó esa mañana en la que alguien le prometió amor, un amor que aún le seguía dejando el calor de los sueños.
Y recorriendo los más variados paisajes que, desde ese cima, se le ofrecían, fue recopilando las más hermosas sensaciones que puede imaginar un alma o atesorar un corazón.
Llegó la hora de abandonar ese privilegiado lugar en el que la Naturaleza se confiesa, pero, durante el resto de su vida, la acompañó ese viento, esas secretas y silenciosas voces que solo escucha quien vive por buscarlas; esas bellezas que solo descubre quien se propone encontrar el lado de bello de lo que le rodea.


Abel de Miguel Sáenz

1 comentario:

  1. ..EL LADO BELLO DE LO QUE LE RODEA..... Está a nuesta vera y no lo vemos... Precioso cuento, relato... Besos !!!

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