viernes, 14 de octubre de 2016

EL MAR, TÚ Y YO


Era  una noche de gala, de esas en las que la luna escribe versos de silencio que  colman el cielo y la tierra, y el mar ve cómo se tiñen de plata sus estelas.
El  viento, siempre dispuesto, recogió los sentimientos que flotaban en el oscuro aire y su etérea pluma los grabó en el corazón de las aguas, en el corazón de un mar, hasta entonces sumido en sueños, que empezó a palpitar cuando las olas empezaron, lentamente, a mecerse.
Pero ese idílico y nocturno mundo que luna y agua habían fraguado nació con un fin y tenía un destinatario: ese marino que, cada noche, velaba sus aguas en soledad.
  Podría parecer, a ojos extraños, una bohemia figura perdida en un infinito mundo; podría sugerir ser un alma perdida en el espacio, pero ese marino era ese lado oculto de la vida que todos llevamos dentro, era un privilegiado.
Él, mejor que nadie, podría decirnos cómo suenan esas voces que el silencio deja en el alma cuando un corazón, en carne viva, ahoga ilusiones y miserias en el fondo de esas aguas.
Él, solo él, es capaz de sostener la mirada ante ese infinito espacio  que la luna enmarca con sus brazos de plata y hacer que ella se sienta desnuda cuando la atraviesan esos pensativos ojos que tantas veces han leído la vida en esas oscuras aguas
Y cada noche que un barco faene entre esas corrientes de luto, allí estará la luna escribiendo versos de silencio, el viento recitándolos y un marino desnudando su alma para que queden, en ella, grabados; también el mar se rasgará sus aguas cuando el marino deje, sobre él, su mirada.
No hace falta poner rostro a ese hombre que vela las noches del mar, pues basta que mires mi corazón para que conozcas su sed de amar.
No es necesario explicar que esas oscuras aguas son tus cabellos; o que tras ese velo que teje el silencio nocturno se esconden nuestras miradas; o que esos invisibles versos que escribe la luna sobre las estelas de plata, son esos pensamientos que cada día nacen en nuestras almas y cruzan el mar del tiempo, de la vida, levantando pequeñas olas que son los deseos.
Sí, si alguna vez contemplas una sombra que viaja en la oscuridad, dejándose querer por la luna y acariciar por las aguas, intenta robarle el alma para saber lo que es amar.


Abel de Miguel Sáenz

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