jueves, 27 de octubre de 2016

VUELOS QUE SE CRUZAN


Todos los momentos vividos tienen  un destino.
Los hay que, aunque lejanos, siguen  latiendo en el alma como esas eternas brasas  del primer beso o el inmortal eco del primer “te quiero”.
Otros, porque hirieron, yacen moribundos, resistiéndose a morir, en esos oscuros rincones del corazón en los que aún no ha llegado la luz del perdón.
Los hay que, por el contrario, dejaron tan profunda huella en las pasiones, que olvidarlos sería arrancar una parte de la vida.
Pero mientras estas sensaciones acompañan, con su vuelo, nuestro tiempo, mientras estas sombras se encadenan a nuestra memoria y pecho,  en su vuelo se cruzan pequeños seres alados, blanquecinos, alegres y juveniles, que son los sueños.
Hijos de una efímera ilusión y de un ancestral deseo, cruzan el alma dejando, a su paso, una fresca brisa que prolonga el deseo de vivir.
Pero siempre habrá un momento en el que las blancas alas de los felices sueños, las oscuras sombras de los que no se cumplieron, las cárdenas luces de aquellos recuerdos que tiñeron de sangre el amor, y los primaverales colores de los que, un día,  nos ayudaron a vivir, todos ellos, se fundirán y cruzarán sus vuelos en un solo instante; entonces, nuestro corazón saboreará las antagónicas sensaciones que dejan la vida y la muerte, el amor y el olvido, la ilusión y el pesimismo, el vacío eco de una lágrima y los triunfales cantos de una sonrisa; todas esas emociones resucitarán a la voz de un recuerdo o de un sueño, y sentiremos que somos pasión en estado puro; que no hace falta nada para que encontremos un motivo que haga que el corazón trabaje y el alma despierte.
Somos emoción en carne viva, tan viva que hasta esa piel que nos cubre se contagia de este mundo que habita en nuestros pechos; de este mundo en el que las blancas alas de los sueños y las difusas de los recuerdos conviven y cruzan sus vuelos.


Abel de Miguel Saénz

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