viernes, 4 de noviembre de 2016

SIEMPRE LO TENDREMOS



No sé si el sueño te ha abandonado o aún sientes el eco de esas voces de la noche, que perviven y lentamente se  apagan, pero quiero decirte que hoy, al abrir los ojos, nos espera la mañana con ese cielo gris o azul, no importa, pues solo vale que allí está para que crucemos, con él, las miradas y escribamos en su piel, limpia o de nubes, nuestros primeros pensamientos.
Sí, el cielo será nuestro mensajero, en sus etérea espaldas leeremos nuestros “buenos días”; en su piel grabaremos ese primer beso que nos dedicamos en la distancia; allí, basta con mirarlo, nos hablaremos.
Por eso, cuando abras los ojos y el sueño silencie su eco, volverás a sentir que la mañana, o sea, la vida, te ofrece un nuevo día en el que se repetirán esos mismos sentimientos con los que nos acostamos.
Y si encuentras un cielo desnudo, ausente de palabras, es porque no encuentro aquellas que expresen este sentimiento que el tiempo nos ha permitido revivir.
Cansado de buscar, le he pedido al corazón que desempolve la caja donde guarda, no los recuerdos, sino esos valores que me enseñaron a vivir, y allí te he encontrado a ti, a quien, un día, la vida me permitió compartir tu tiempo, miradas, palabras,....
Siento, en este momento, que los ojos me brillan y la piel quiere participar de esta emoción contenida, tal vez, por eso, ahora, unas nubes crucen el cielo que miras.
Han sido tantos años que solo puedo dar gracias a Dios por resucitar, en mi pecho, tu memoria.
Ocultos, desde la eternidad, en la mente de Dios, es decir, en el vientre del Cielo, esperábamos nuestro momento; momentos de pequeñas perlas que se cubrieron con nuestras ilusiones y sueños.
Puede que a los ojos del mundo seamos, simplemente, dos personas que se aman, pero, a los nuestros y a los de Dios, somos corazones y almas que esperaron en el cielo para amarse en la tierra.
Y en nuestros pechos sentiremos, al vernos, una corriente de felicidad que anega nuestro ser mientras nuestros ojos se iluminan de esa luz que solo ven los que así se aman.
Y de esas pequeñas perlas nacerán otras perlas, tan maravillosas como las que nos adornaron al conocernos; y si alguna viene envuelta en espinas, porque la vida así lo quiera, juntos las sufriremos y nos lameremos las heridas; porque, incluso esas, serán nuestro refugio, consuelo y pañuelo.
Sí, si alguna vez ves al cielo desnudo de palabras, no te inquietes; abandona tu corazón en ese vacío y sentirás el abrazo de quien te ama en silencio.
Siempre tendremos el cielo para compartir nuestros momentos, para escribir, en su piel desnuda o habitada de nubes, esas palabras que delatan que nos queremos.

Abel de Miguel Saénz


No hay comentarios:

Publicar un comentario