lunes, 26 de diciembre de 2016

AL CALOR DE LOS SUEÑOS


Se acostó durmiendo entre sábanas  que, esa noche, respiraban sueños, saboreando el imaginario beso que le había  dejado un recuerdo y cerró los ojos para recluirse en esos pensamientos.
Esbozaba una feliz sonrisa que delataba que seguía soñando.
Permaneció con la lamparilla encendida; temía apagarla, temía que con la luz también se fuera ese mágico momento y la oscuridad borrara esos fuegos artificiales que acababan de prender en su pecho.
Así, entre luces, hundió la cabeza en la almohada como rayo de sol que se sumerge en las aguas para iluminar sus ocultos tesoros y siguió viajando por el mundo de los recuerdos.
Según nacían, su cuerpo se movía ligeramente, estremecido, emocionado, y apretaba la manta contra su cuerpo, como si esa manta fuera el sueño que acababa de recordar y no quisiera que se escapara.
En ese estado de íntima felicidad era imposible que el sueño la venciera porque dormirse sería morir.
Confiada en que esa felicidad no se le escaparía, apagó la luz.
Y empezaron a nacer esos momentos, veladas, besos y paseos que compartieron con la oscura noche.
Estaba tocada por la mágica vara del amor y no importaba lo que la rodeara: todo era una fuente de bellos sentimientos.
De vez en cuando, unos leves suspiros huían de sus labios y hacían temblar, tímidamente, las blancas sabanas como tiembla el mar cuando siente el roce de la brisa.
A tal extremo llegaron los sueños que, incapaz de recluirlos en el mero pensamiento, a cada recuerdo que nacía lo acompañaba una palabra o un nombre.
Su corazón necesitaba dar voz a esas imágenes que lo cruzaban y encendían.
Y como olas que dejan en el aire el eco de sus aguas, así, sus labios llenaban el oscuro cuarto de palabras que flotaban alrededor de su cama.
Y cada palabra era uno de esos momentos que grabaron el amor en su alma: una fecha, un paisaje, una canción, una mirada, una sonrisa, una caricia, un “te quiero”, un……
Una catarata de vivencias, reducidas a palabras, comprimidas en segundos, hizo que su cuerpo se rindiera al más profundo sueño del que nunca quisiera despertar.
Y aunque dormir sería dar muerte a ese milagro, bien sabía que nunca la “muerte” se presentaría tan dulce; así que volvió a estrechar las blancas sábanas y la suave manta contra su cuerpo, dejó que por última vez se estremeciera y cerró los ojos abandonándose al sueño.
Ya dormía, ….pero en sus labios aún se dibujaba una tímida sonrisa.
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Abel de Miguel

Madrid, España

2 comentarios:

  1. Es maravilloso sumergirse en tus letras mágicas, hanen que el sueño envuelva como suave brisa.
    Un placer leer.
    Muy buen Día Abel.

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  2. Lleno de imágenes preciosas construidas con las palabras exactas.
    Me encantó.
    SALUDOS!!

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