jueves, 26 de enero de 2017

FUE LA VIDA


Dime que fue la Fortuna quien nos  robó la mirada y quien la encauzó por esos misteriosos caminos que teje el amor hasta que se encontraran.
Dime que fue el Fuego quien ordenó a sus hijas, las llamas, que abrasaran nuestros labios hasta que sintieran la necesidad de apagar su ardor en el fresco manantial de un beso.
Dime que, así lo creo yo, fueron las Musas quienes pintaron ese jardín en el que nos citábamos; aquel en el que el agua dejaba  escapar su voz entre fuentes de piedra, el aire se convertía en música y las flores se vestían de nupcias, de sangre o de luz según el corazón que las mirara.
¿Lo recuerdas?
Sí, tienes que hacerlo.
Es imposible que hayas olvidado esos momentos en los que nuestros pensamientos y deseos se buscaban hasta abrazarse y una luz, que rayaba el milagro, cubría los verdes espacios que custodiaban nuestros paseos mientras nos dejaba la sensación de que ese momento sería irrepetible.
Dime que fue el Destino quien arrancó, de las manos de Dios, ese corazón que tenía reservado para los privilegiados y que, sin pensarlo, lo puso en nuestras manos.
Te pido respuestas, pero basta evocar cada instante a tu lado para saberlas.
Dime que esa semilla que sembramos ha abandonado su adolescencia, ha mudado su loco mundo de sueños, ha rasgados los infantiles vestidos que la cubrían y ahora luce ese traje que la Fortuna diseñó y que las Musas hilvanaron con los hilos del Fuego.
Y pudiera seguir detallando cada uno de los instantes que he vivido a tu lado hasta que me llegara la muerte. Podría, y así lo hago, soñar con los que nos esperan, regar los tiempos de silencio con el eco de tu nombre, o cubrir tu ausencia con un recuerdo.
Pero me basta, me llena, saber que fue la Fortuna quien fundió nuestras miradas, que fue el Fuego quien nos ofreció un beso y que las Musas nos tejieron el Paraíso para que el Destino anudara nuestros pechos.

Abel de Miguel

Madrid, España

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