miércoles, 11 de enero de 2017

LOS CAMINOS DEL VIENTO


Nunca supe a dónde iba el viento tras cruzar frente a mi mirada y dejarme un beso de vida.
Se marchaba por caminos que despertaban el misterio en mi inquieta imaginación.
Puede parecer absurda curiosidad querer conocer el incierto destino del viento, pero ese deseo nació cuando, un día, se me ocurrió dejar, en sus etéreas manos, mis más íntimos sentimientos, mis más profundos pensamientos y, sobre todo, tu recuerdo vestido de espiritual deseo.
Todo ello, el dorado equipaje que ocupaba mi alma, lo sellé con un beso y se perdió por sus inescrutables caminos; desde entonces, sueño con que el cielo dibuje en su piel esa tierra que pisa el peregrino viento; que me indique, aunque sea con efímeras luces vestidas de estrellas, el punto por el que viajan los secretos de mi alma y ese beso.
Quisiera saber si en una de esas mañanas en las que regalas al alba tu reflexiva mirada, has sentido que tu rostro se encendía tímidamente o tu piel se erizaba al sentir el roce de la delicada brisa.
¿Ha sido así?
Entonces, sentiré la emoción de que el viento te ha hecho llegar mi beso.
Y dime si al pasear bajo la luna, las calles iluminadas por la tibia luz de un farol y el silencio abrazando a las estrellas, has sentido que un ligero aire te obligaba a cerrar los ojos y recluirte en la felicidad de tu corazón.
¿Ha sido así?
Entonces, podré vivir satisfecho porque el aire te haya susurrado esos sentimientos que huyeron de mi corazón y huyeron con el viento.
Y dime, ya por último, si tu mirada se escapó al cielo cuando, refugiada en tu hogar, a salvo de una rebelde Naturaleza, oíste, entre las voces del viento, tu nombre.
¿Entre las embestidas de sus poderosos brazos, había pausas y se transformaba en caricias?
¿Sí?
Entonces, yo también miraré, agradecido, a ese cielo que te robó la mirada y daré gracias al viento porque dibujara, en tu alma, ese recuerdo, ese espiritual deseo que se escapó de la mía.
Desde ahora, ya no buscaré esos celestes caminos, esas imaginarias tierras por las que viaja el viento; soñaré contigo, te recordaré y, así, al verte encumbrada en mi pensamiento, sabré que todos esos besos, secretos y tesoros que encierra mi alma, el viento te los llevará y morirán contigo.

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Abel de Miguel

Madrid, España

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