viernes, 20 de enero de 2017

NUNCA SE OLVIDARÁN


Hay  momentos en los que creo que la Naturaleza me ha robado el alma, se 
ha  apropiado de mi corazón y revive, a través de sus elementos, esos sentimientos que en ellos encuentra, esas historias que ahí están grabadas y que nacieron cada vez que nos rozaba el amor.
Porque si no, ¿cómo es posible que al ver un rayo de luna abriéndose paso entre las sombras broten, vivos y reales, esos momentos en los que nace un beso entre tú y yo?
Cuando la luna se infiltra entre las ramas como blanca y delicada mano que deja su suave tacto en  recios brazos, y las cubre con una fina capa de luz, como si las vistiera de novias, esas ramas se mecen, entre temblorosas y emocionadas, al sentir en su piel esas blancas y nocturnas caricias.
¿No es cierto que ese halo de luz son tus finos labios y que esas temblorosas ramas son los míos cuando se encuentran?
¿No es verdad que esa blanca luz que los cubre es el brillo de nuestras miradas mientras nuestros labios se besan?
Sí, tuvo que ser una de esas noches, una de esas nocturnas veladas en las que un beso fue el sello de nuestro amor cuando la luna nos robara las almas y el corazón. Y hasta tal punto la emocionó nuestro encuentro, que ahora es ella la que revive cada noche ese beso.
Pero no me molesta que nos haya robado nuestro momento, que haga público ese íntimo sentimiento,  que no nos pida permiso para ello, porque nosotros, a la hora de besarnos, tampoco nos lo pedimos; simplemente, nos amábamos y lo hicimos.
Al igual que a nosotros, a la luna le puede más la necesidad de demostrar el amor que encierra, que conformarse con la placentera ilusión de imaginarlo.
La sed de su corazón, la de los nuestros, es más fuerte que los sueños y por eso la luna, como lo hicieron nuestros labios, rompe la barrera de la prudencia y pisa la tierra de la locura: se adentra en las espesas sombras del bosque para besarlo y se deja secuestrar por esa bendita locura en la que los sentimientos retan a la razón y la acaban venciendo con la simple arma del corazón.
Por eso, allá donde nos encontremos, la Naturaleza nos seguirá con su mirada, grabará en su corazón el eco de los nuestros y dejará que sus hijos la luna, el viento, la lluvia, el mar y todos aquellos que su vientre parió, se vuelvan humanos, tan humanos que amen, y evoquen esos momentos en los que dos almas y dos corazones se sintieron rozados por el amor.
Así que si alguien olvidó lo que es un beso o ya no siente el calor de un abrazo, que abandone su mirada en la noche, en el mar, en el viento, y resucitará esos olvidados sentimientos que quedarón, para siempre, grabados en la Naturaleza, en su alma.

Abel de Miguel

Madrid, España

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