lunes, 2 de enero de 2017

RINCONES DE PLATA Y DE FUEGO



Se apagó la última nota  coincidiendo con la muerte de la última llama  que sobrevivía en la chimenea.
Música y fuego se tomaron la mano y, juntos, se despidieron en el instante en el que la luna empezaba a bordar, sobre los cristales, un nuevo poema de luz con sus hilos de plata.
Música y fuego habían muerto, pero seguían presentes el romántico eco de esa canción y el calor de esa hoguera, por lo que aproveché para grabarlos en mi alma y compartirlos con esa nueva luz que empezaba a invadir los rincones de mi estancia.
Dejé que la mirada viajara entre ellos, entre el cálido aliento de un extinto fuego, el recuerdo de esa canción y las nuevas luces que iban naciendo.
Todo se vistió de plata, todo era un íntimo silencio en el que el alma solo escuchaba, y todo era tan mágico que, inevitablemente, tenía que surgir el milagro.
Los dedos de la luna empezaron a recorrer tranquilamente, como es ella, el cuarto, dejaban blancos centelleos allá por donde cruzaban y sus haces de luz escribían misteriosos mensajes que arrancaban suspiros.
Pero esa misma luna que pretendía sembrar, a su paso, una estela de amor, se encontró con los vivos restos del fuego y de la música, los cuales quisieron prolongar su vida en cuanto la vieron.
Y uno de esos rayos de luz, tal vez fuera el del corazón de la luna, detuvo su paso cuando se encontró con la sombra de una llama, tal vez el alma del fuego.
Ambos se miraron, contuvieron la respiración, dejaron que los segundos y el silencio hablaran por ellos y lentamente se acercaron.
El alma del fuego y el corazón de la luna habían encontrado la razón de que sus corazones vivieran.
Aún suspensos en el aire, aún recreándose en la mirada, se acercó el espíritu de la música, y los cercó con los acordes de su última nota.
¡Oh Dios!, en el instante en el que la música dio vida a ese amor, luna y fuego se abrazaron.
Mis ojos no se apartaban de ellos, así que pude contemplar cómo  un haz plateado y otro dorado se deslizaban por esos rincones al compás de una música que llenaba de gloria y misterio esa estancia en la que se estaba produciendo un milagro.
No puedo precisar el tiempo que duró esa mágica escena en la que luna y fuego se fundieron en un beso de música, pero todo me pareció tan eterno que aún perdura en mi memoria.
Y no lo puedo olvidar porque tú eras esa luna y yo, ese fuego que se besaron; y en nuestros pechos aún resuena el eco de esa música, aún viven esas luces de plata y de fuego que habitan en los rincones de nuestras almas.
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Abel de Miguel

Madrid, España

2 comentarios:

  1. La detallada descripción de los rincones de plata y fuego es muy interesante, es muy buena. Bello reencuentro!
    Un placer la lectura.

    M Victoria L.Almansa Pimentel

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  2. Abel, es maravilloso "sentir" lo que ocurre allí, tu expresión del detalle hace que se vea el baño de los rayos de luna y la unión de ese beso, que simboliza ese amor que se gravó como un a mor eterno.
    Es mágico Abel. Te felicito.

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