viernes, 17 de febrero de 2017

¡TODO  ES TAN DISTINTO!


Hay  momentos en los que el corazón pide soledad para saborear las emociones que  dejan los recuerdos; para contemplar, en silencio, los colores de los sueños; para escuchar de manera pura, sin los ecos de los suspiros, la verdadera voz del amor.
Así, ya enclaustrado en esta celda en la que solo se respira la pureza de los sentimientos, he visto aquella lágrima tuya que nació por una herida, y ella sola ha sido capaz de derrumbar los pilares de mi alegría, de que olvide toda la anterior y venidera dicha.
Sí, al contemplarla tras estos inmaculados cristales en que se halla mi alma, he comprobado lo desgarrador que puede ser el dolor de una simple lágrima.
Pero en medio de esta angustia ha venido en mi auxilio el eco de tu sonrisa.
Ahora, en este claustro virgen y puro, suena tu alegría a voces del cielo entonando un “Aleluya”; tan intensa, tan viva, que huyen las sombras de tu lágrima como lo hacen cuando un rayo de luna, en la noche, las cruza.
Y entre este desierto de ruidos, en esta estepa de sensaciones, se alza la belleza de tu mirada, esa que, perdida, dejas en tus momentos de tu silencio cuando los pensamientos te llenan de paz y transforman  tu rostro en un monumento a la belleza.
Ahora, al contemplarla, transparente y divina, arranca, de mi corazón, un grito de “¡basta!” porque no es capaz de contener tanto amor.
¡Oh Dios!, quién hubiera imaginado que tras el velo azul de tus ojos, tras ese inmaculado silencio, se escondía el mismo cielo.
Y así, una a una, las emociones quedan retratadas con sus verdaderos colores; quedan desnudas, libres, vírgenes, inmaculadas y se ofrecen tal y como nacieron sin el velo de engañosas pasiones.
Me he dado cuenta que necesito este momento en el que el corazón pide soledad.
Solo así seré consciente de que todas las emociones tienen  un rostro más bello y más puro, capaces de hacer temblar los pilares del alma y de obligar al corazón, ante tanto amor, a rendirse.
Sí, cuando el velo del silencio cubre alma y corazón se oye la verdadera voz del amor y…
¡todo es tan distinto!

Abel de Miguel

Madrid, España

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