viernes, 17 de marzo de 2017

AUNQUE MUERA LA LUZ


Desde esta penumbra, de la que  también participa mi alma, quiero liberar sentimientos vestidos de letras,  palabras que desean, ¡ojalá así sea!, encontrar un lecho en tu pecho y arrebatarte ese amor que, un día, esperaste que llamara a tus puertas.
Sé que ya has sentido su suave tacto, que has sorbido sus dulces gotas, que has saboreado la miel que deja en el corazón cuando sabes que alguien te ama, y sé que yo te he hecho soñar con ese mundo que dibujaste en tu alma así como yo, también, lo he tocado cuando tus ojos me dijeron que me amabas.
Por eso, porque sabemos de qué hablamos, no puedo evitar volver a oír esa música que interpretan los latidos y que es capaz de arrancar lágrimas cuando el corazón ya no sabe cómo decir cuánto ama.
Y he elegido este momento en el que la tarde se oculta y, apenas, deja rayos de luces entre las sombras de una noche que se anuncia.
Uno de esas luces se ha perdido en mi habitación coqueteando con la oscuridad, dejándose querer por ella, conviviendo en un extraño abrazo aunque sabe, la luz, que acabará muriendo.
 Es todo tan entrañable en esta muerte anunciada, que luces y sombras pintan un mundo de sueños antes de despedirse y mi alma no puede negarse a formar parte de esta milagrosa fantasía.
Me he dejado llevar por el intenso misterio que despiertan una luz moribunda y unas amantes sombras.
Así es cómo ha nacido este deseo de asaltar tu pecho, de revivir nuestros besos, de resucitar esas emociones que revelaron que nuestros corazones estaban destinados a compartir sus sentimientos.
El último suspiro del día y los brazos de la noche pasean envueltos en un maravilloso silencio que acrecienta su amor. Sí, lo veo, somos nosotros en uno de esos paseos, una de esas cortas tardes de invierno, en las que la noche nos brindaba soledad para que nos sintiéramos más cerca.
Y yo voy buscando ese resquicio de luz que, lentamente, se apaga; me arrincono en los últimos atisbos de vida para seguir soñando contigo y seguir disfrutando de este milagroso juego que me ofrece el ocaso.
Va llegando la hora en la que la guadaña de la noche segará la vida del día.
Ahora, las sombras se han hecho dueñas de esta habitación, pero no pueden evitar que sigan vivos mis sueños y mis recuerdos.
Ya ha quedado todo a oscuras, pero mi alma también encuentra, en esta situación, un motivo que me acerque a ti.
Sí, ahora, cuando la luz se ha rendido a los brazos de su amante sombra hasta extinguirse, recuerdo el momento en que nuestros ojos se cierran cuando nuestros labios se besan.
Nada vemos, pero el amor nos habla en silencio y nos sumerge en es esa música que interpretan los latidos y que es capaz de arrancar lágrimas cuando el corazón ya no sabe cómo decir cuánto ama.

  
Abel de Miguel

Madrid, España

1 comentario:

  1. Bonita forma de describir ese latido envuelto en las sombras de la vida, ese silencio que es un grito que hace eco acompañando el latido. Besos!!

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