lunes, 24 de abril de 2017

NO LO PERMITAS



Intuyo que hay momentos en los que  sientes el desagradable roce de la mano de la tristeza sobre tu alma y que, en  ese momento,  se oscurecen los pilares que forjaron nuestros besos, sueños y miradas.
No permitas que deje una leve estela en tus ojos, ni que su sombra planee sobre tu pecho robándote esa felicidad por la que luchaste y has llegado a acariciar.
Si te sientes presa de esa amarga emoción, debes saber que yo, también, en esos momentos, soy como ese volcán al que le roban el fuego que nace de su garganta; es decir, me roban, del alma, tu sueño.
Si te sientes triste, soy ese mar que, ante la ausencia de besos de su amado viento, transforma sus olas en tristes versos, capaces de arrancar lágrimas a quienes a su orilla se acerque, o de borrar la triunfal sonrisa del contemplativo corazón que busca, desde sus labios de arena, soñar.
Si estás triste,  seré esa catarata a la que roban su eco, ese que suena a eternidad cuando sus aguas caen al vacío, sin importarles a dónde van a parar, y me convertiré en muda cortina de agua que se precipita sin sentido.
Arranca, con los restos de ese amor que sobrevive en el fondo de tu alma, aquellos que son indestructibles, toda esa maleza revestida de sentimientos y quémala en la hoguera de tus recuerdos, aquellos que dibujan en tus labios una sonrisa, en tus ojos la luz, y en tu corazón, la alegría.
A veces, siento, al pasar a tu lado, que te envuelve un triste aire y he querido rasgar ese velo de invisibles lágrimas, la tristeza, ofreciéndote miradas y palabras que podaran las ramas de tu pena.
 He contemplado la lucha desatada en tu pecho entre los motivos que te animan  a vivir y los fúnebres pensamientos que te invitan a claudicar; he escuchado, en el fragor de esa batalla, el gemido de  los llantos frente al trino de las sonrisas, la oscura sombra de la melancolía frente a la luz de la esperanza, y no pudiendo quedarme impasible, he luchado en tu guerra con las armas que me concede el amor.
Así, abriré las puertas de mi corazón para que huyan, como tempestuoso viento, todos esos sentimientos y deseos que me llevaron a amarte, para que arrasen esas malas hierbas que te hacen dudar si existe la felicidad y dejaré que se conviertan en sentidos besos que animen a las tristes olas que se dibujan el mar azul de tu mirada.
Alimentaré el fuego del volcán, los sueños de mi alma, para que su calor incinere esa maleza que te roba la felicidad y ensordeceré tus tristes suspiros con el eterno eco de esa pasión desatada que se precipita al vacío sin saber dónde acabará porque contigo viaja.
Sí, cuando sientas el desagradable roce de su mano no permitas que la tristeza te invada. Siempre habrá alguien que te ame, siempre habrá un motivo que te devuelva la felicidad.
Mira, aquí tienes mi alma, ¿la ves? 
No lo permitas. Ella te ama.
Abel de Miguel
Madrid, España


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