sábado, 20 de mayo de 2017

YA ERAS NIÑA CUANDO...



Empezabas a descubrir el mundo y te  preguntabas por qué nacían los sentimientos, en qué parte del mundo se  escondían, por qué, caprichosos ellos, elegían a una persona y un momento para habitar en su alma y pintar desconocidos sueños.
Y te lo preguntabas en esa etapa en la que tu corazón empezaba a intuir que más allá de  donde alcanzaba tu mirada algo te esperaba.
Un día en el que tus ojos descansaban sobre ese río que creíste que nació para hablar contigo, sentiste que una voz te llamaba y esa voz despertó en tu pecho un nuevo sentimiento que te llevó a adentrarte en sus aguas para conocerla mejor.
Así, con estas reacciones puras e infantiles, empezaste, sin saberlo, a contagiarte de ese sueño que se llama Amor.
Desconocido para ti, le preguntaste por qué te había llamado, qué quería, por qué tu corazón sentía extrañas emociones que jamás te habían golpeado, por qué, por qué, por qué………
Eras una niña, pero en tu corazón ya había brotado el primer plumaje de esas futuras alas que te llevarían a desear rozar ese cielo en el que descansaba un nombre.
De momento, todo era misterio, pero poco importaba. Supiste, así te lo dijeron las aguas del río, que tu pecho quedaría preso de un ideal y que tu corazón no descansaría hasta que lo encontrara.
Tus ojos siguieron buscando esas aguas, las deseabas porque en ellas volviste a nacer, pero tu mirada ya no era una mirada solitaria: sentía el peso de ese desconocido amor…. y el río se dio cuenta.
Notó que tus palabras, al descansar en su transparente piel, temblaban de alegría, de incertidumbre, que estaban contagiadas de ese ilusionante nerviosismo que nace cuando alguien ha creído encontrar la razón de su vida.
Ya no te preguntabas en qué parte del mundo se escondían los sentimientos porque sabías que habitaban en tu alma.
Ya no te cuestionabas si era un capricho del amor el que atrapara, un día, a una persona en un momento; no, dabas las gracias porque tú hubieras sido la elegida.
Y hoy, cuando ya has saboreado, en plenitud, las mieles de ese sueño, sigues mirando el agua de ese río, sigues dejando tus ojos en él, porque sabes, sabemos, que ese sentimiento que nació cuando eras  niña es el reflejo más puro de lo que seguimos, juntos, viviendo..
Sí, sería un pensamiento infantil, una vaga idea, pero fue el primero.
Ese día, colocaste en tu pecho la primera piedra de esa fortaleza que es tu corazón y daré, eternamente, las gracias a ese río porque sus aguas te llamaran y te ofrecieran ese sentimiento que nos acompaña.
Ya eras niña cuando…. conociste el amor.

Abel de Miguel
Madrid, España


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