sábado, 17 de junio de 2017

A QUIEN SE SIENTA HERIDO


Dime si fue ese beso, el que nació  cuando un mar preñado de olas dejó nuestros corazones cautivos entre sus aguas  y rendidos a su bello eco, el que ha incendiado el aire, el que ha pintado el cielo de fuego, el que ha conseguido que la tierra gima y que sus suspiros sean llamas.
Jamás pensé que ese amor que nació de  nuestros labios, a la vera del mar, alcanzara a trastocar las emociones de un cielo que sabe lo que es amar.
Toda la naturaleza suplica una lágrima de agua, una sola, que alivie su sed y le permita volver a soñar con esos momentos en los que ella y la lluvia, también, se besaban.
Hasta el mismo viento se niega a recitar esos versos de aire fresco que rejuvenecen los sueños y escriben en el corazón otros nuevos, y, en su lugar, cubre la tierra con una tórrida capa que recuerda ese dolor que sufría cuando, preso en sus cuevas, no podía surcar el cielo.
¿Acaso, un celoso sol se ha sentido herido porque nunca le han besado unos labios tan puros como los nuestros?
¿No le basta que la luna se sienta viuda, que siembre de lamentos la noche, lamentos que llenan de oraciones a las almas y a los corazones, de suspiros?
Si es su dolor la causa de este infierno, bastaría una palabra, una mirada o  un gesto para que en su ígneo pecho naciera  un alivio a su desconsuelo.
Si supiera lo que le ama la luna, se dibujarían en sus ojos el brillo de un sueño y sus llamas serían lágrimas que saciarían la sed de la tierra.
Sol, mira cómo, inspirados por el mar, nuestros labios se abrieron para dejar, en sus aguas, el sello de un beso; haz tú lo mismo y permite que en los tuyos florezcan los débiles pétalos de una sonrisa, que serán suficientes para anestesiar este sufrimiento y sembrar la esperanza.
Rinde tu cabeza, inclina tu mirada y busca en las profundidades del mar esas estelas de plata que se dibujan por la noche. Son los versos que escribe la luna cada vez que te recuerda.
¡Ojalá las encuentres!, y también ese beso perdido que nuestros labios dejaron en el agua.
Cuando lo hagas, siéntete amado hasta que tu alma quede blanqueada por la luz de ese nuevo sentimiento y repiquen, en ella, los ecos de un Aleluya.
Y cuando el sol, igual que cada uno de nosotros, sienta que lo aman, mudará su dolido corazón, sus flechas de fuego, sus deseos de revancha en emocionadas lágrimas de agua y cálidos besos que devuelvan la vida y la paz a esta tierra que suplica.
Bien sabe Dios cuánto bien podemos hacer cada vez que un gesto, una palabra o una mirada nos nacen del corazón y buscan a quien lo necesita, a quien se sienta herido

Abel de Miguel

Madrid, España

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