sábado, 24 de junio de 2017

NUESTRAS MANOS



Y ella abrió la mano como hierba  que se tiende para ser acariciada por el viento; esa soñada mano en la que  tantos besos, aunque fuera en sueños, dejaron mis labios; la que tan profundamente se grabó en mi alma como objeto de deseo consiguiendo que, rayando la locura, sintiera su roce en mis solitarios paseos.
Siempre pensé si el tiempo pasaría igual de lento cuando llegara ese día, dudé si el cielo sería igual cuando viviera ese sueño, si mis ojos descubrirían nuevos colores, si el aire tendría un aroma distinto, si la misma tierra que piso sería una ficción y surgiría un mundo nuevo, si….
Todas estas irracionales ideas surgían cuando soñaba que su mano y la mía se cogían.
Ahora, ella me la ofrecía como quien te entrega su ser, como quien te abre el alma y te pide que la habites, como si, ¡oh Dios!, ese lejano milagro se hiciera real y se adentrara para llenar tu vida.
No podía creer que ese momento que me robó la paz, que me turbó el corazón, que me hizo rozar  el cielo cuando la sentía mía, o el infierno cuando la veía lejana, ahora pudiera contemplarlo con esos mismos ojos que lloraron por no tenerlo.
Temeroso porque fuera una burla de un corazón enfermo, dubitativo porque no podía creer que el cielo me abriera sus puertas, emocionado por tener ese sueño tan cerca, acerqué, lentamente, la mía hasta que se juntaron.
En ese momento sucedió lo mismo que ahora mientras escribo: el corazón ordenó a las emociones que asaltaran el alma, el alma liberó a los sentimientos, y los sentimientos se rindieron asomándose a los ojos, vestidos de lágrimas.
Aún, al recordar el roce de su mano, los latidos se visten de salvajes caballos que dejan la imborrable huella de la felicidad allá por donde viajan.
Pero sé que cuando todo se calme, quedará el suave reposo de esas emociones que siempre dejarán una pequeña brasa para que ese momento no se olvide.
Tranquilo, sereno, reviviendo esos segundos, aflora una sonrisa como expresión de ese recuerdo y  emerge la tranquila imagen de tu mano abriéndose como pétalo que busca una gota de agua.
Sobre tus dedos descansan los míos como olas que buscan la amada patria del mar, ese mar en calma que es tu mano y la mía.

Abel de Miguel

Madrid, España

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