lunes, 12 de junio de 2017

SILENCIOS ROTOS


¡Cuántos silencios podrían romperse con un simple suspiro!, esa tímida voz que nace del corazón y se viste de aire.
Bastaría que su etéreo eco rozara los umbrales de un alma, para que  se incendiara de amor su mirada y sus labios liberaran ese reprimido beso que no encontraba un motivo para huir de ellos.
Y aunque suspiro y beso nazcan envueltos en el silencio, aunque sean  sentimientos que se recluyen en el pequeño mundo de quien los ha engendrado, aunque sean anónimas emociones que no buscan protagonismo, sin embargo, son capaces de herir el alma de ese mismo cielo que cruzan, de turbar el rostro nacarado de la luna y de sembrar la tregua en el enfrentado corazón de la  tierra que sobrevuelan.
Nadie, ni quien suspira ni quien besa, alteraría la muda quietud que impera en el silente reino de la noche, ni quebrantaría el sereno descanso del mar,  ni perturbaría el pacífico sueño de sus aguas, solo dejarían nacer esos mudos sentimientos, pero serían suficientes para que vibren los invisibles hilos que sustentan el corazón de la Naturaleza.
Serían, así, innumerables los momentos en los que hemos sentido cómo una agradable brisa cruzaba nuestros pechos cada vez que un suspiro y un beso nacen en secreto.
No me pidas que lo explique, no intentes entenderlo, solo vive ese instante pensando que dos amantes acaban de encontrar su cielo. 
Solo así entenderás por qué, en ocasiones, el arrebol de un atardecer te hace pensar en un corazón encendido; por qué el vaivén de una rama ante el suave impulso del viento te recuerda tu último beso; por qué una blanca luna, una noche en calma, resucita tus más maravillosos sueños y no sugiere miedo.
Si alguna vez has sentido esto,  es porque en el secreto mundo de un corazón y en los rincones de un alma ha nacido un suspiro, suspiro que ha engendrado​ un beso y, ambos, han sido capaces de  teñir de emociones, de romper,  nuestros silencios.

Abel de Miguel

Madrid, España

No hay comentarios:

Publicar un comentario