viernes, 21 de julio de 2017

HACIA LA CIMA DE TUS OJOS


Déjame  que te idealice, que te encumbre a esa sagrada cima que sueña coronar quien  tiene el amor por bandera y la felicidad, por destino.
Déjame que cada palabra, sonido, imagen, cada hilo de vida que lleve el sello de una emoción que nace del pecho, me despierte la esperanza y me impulse hacia esa sagrada cumbre en la que tus ojos me esperan.
Y poco importa que tropiece en esa ascensión, que haya un tiempo en el que impere tu silencio, que unas negras nubes me priven de contemplar esa primeriza luz que me trae el recuerdo de tu alma.
Sea lo que sea quien se interponga en mi ascensión, superando los inevitables obstáculos que debe vencer un corazón, nunca dejaré mi ilusión tendida en el suelo como pañuelo que ondea pidiendo la rendición.
Al revés, cuando el cielo se empeñe en llenar de lágrimas la tierra, cuando la noche me vete sus sonidos y secuestre el hechizo de la luna, cuando sienta que uno de mis sueños no es capaz de despertar tu dormido pecho y hallar, en él, cobijo, cuando el mar acalle el espíritu de las olas y no me devuelva el eco de esos pensamientos que enterré bajo sus aguas, cuando suceda todo eso, pensaré que esa lluvia que vela a la tierra es una cortina de felices lágrimas que no encontraron espacio entre el amor que inundaba tu corazón; o que el silencio de la luna es debido a que ha sido víctima de nuestro amor y ha preferido saborearlo en secreto; o que el mar no me niega sus sentimientos, sino que las olas, heridas por el nuestro, se han quedado pensativas y enamoradas.
Y tanto sueño, tanto deseo coronar esta aventura en la que  mi guía y mi meta son tus ojos, tan cerca los he sentido, que ya no sé si vivo en ellos o siguen siendo espíritu.
Hasta tengo temor de que una vez habite en tu mirada, lo que pueda sentir no sea más bello que lo que ahora siento mientras lo sueño.
Sobre las olas de tus labios flotaban mis sueños vestidos de besos, pero ante el destello azul de tu mirada,  se apresuraron al balcón de su cielo y, cambiándose de ropaje, se vistieron de privilegio por poder contemplar, de cerca, el mar de tus ojos.
Ya he alcanzado esa deseada cima, ya veo la vida con el color de tu mirada, ya nacen aquellas voces que nunca se atrevieron a salir del alma, pero que en el refugio de tus vestales ojos han encontrado la paz que necesitaban.
Y ahora, una vez que el alma de tu mirada se ha hecho tangible y saboreo sus tesoros, puedo decir que las maravillas que el corazón imaginó se quedaron cortas
Solo puedo dar gracias a la vida por permitir que ese amor que llevaba por bandera, haya podido tomar posesión en el azul paraíso de tus ojos.

Abel de Miguel

Madrid, España

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