lunes, 7 de agosto de 2017

DAME UN  SEGUNDO


Solo  pido ese instante, pues solo eso basta para saborear la felicidad en sus distintos  niveles y variedades.
En tan breve espacio de tiempo, el pecho es capaz de alimentar al corazón con las suficientes emociones como para que dé a luz esos sentimientos que lleva en sus entrañas desde que fue creado.
En un segundo se produce el parto de la luz y la tierra queda iluminada por una sábana de formas y colores que reviven la Creación en el alma que las contempla.
En un segundo, el corazón es capaz de alcanzar las más altas cimas de las pasiones cuando dos labios funden sus orillas y se besan.
En un segundo,  unas palabras sinceras, un “te quiero”, dan vida a aquellos sueños que pusimos en el fondo del corazón por considerarlos “imposibles”.
En un segundo, unos ojos son capaces de que la invisible pluma del amor escriba versos que hablen de eternidad.
Solo un segundo es necesario para que la música haga temblar ese hilo sensible que une las emociones con las lágrimas.
En ese tiempo, por esa doble cara que tienen los sentimientos, puede nacer el dolor más intenso cuando esos ojos esquivan tu mirada, ese beso lo roba el viento y no llega a su destino o esa canción recuerda la amargura de un sueño fallido, pero, aún así, es tal el poder creativo que tiene un segundo, que  en ese suspiro de tiempo nacen infinidad de ellos en otros tantos pechos que los tenían guardados, que esperaban, como el campo a la lluvia, ese momento para ser liberados.
Y en cada persona siempre ha existido un segundo que cambió su vida, que tornó el infierno en cielo, o viceversa, que hizo reales los sueños o mostró, en carne viva, el sufrimiento, pero quiero quedarme con los que fueron capaces de reinventar el alma, con los que la hicieron intuir esa felicidad que tiene reservada en el cielo.
Porque en un segundo muere y nace una ola, la tierra se ilumina y oscurece, el cielo trina o llora, los labios liberan un beso o lo encarcelan, brota una lágrima o una sonrisa, una mirada te cautiva o te hiere, una palabra cura o mortifica, en un segundo, la vida muestra el inmenso panorama de sentimientos que encierra.
En esa ráfaga de tiempo, se ha cruzado tu rostro en mi memoria y, como perfecto engranaje de un reloj, la mirada se ha escapado al cielo, el corazón ha abierto sus ventanas, el alma se ha vestido de aire, la piel se ha erizado y una sombra de lágrima se ha arrimado a la orilla de mis ojos.
Y todo ello…en un segundo.
Sí, dame un segundo, solo te pido eso.

Abel de Miguel

Madrid, España

No hay comentarios:

Publicar un comentario