sábado, 28 de octubre de 2017

SE VISTIÓ DE AIRE



Hubo una vida en la que todo lo existente era etéreo, las emociones que rozan nuestra alma o acarician nuestro corazón nacían, solamente, de espíritus: la fauna, la flora, el mar, la luna, quienes aman..., nada se podía tocar, pero todo existía y cada cual dejaba, en el ambiente, esa fibra que es capaz de conmover e inundar de emociones el corazón, hasta conformar un entramado de invisibles estelas que llenaba, de eternidad, el aire.

Todo era limpio y translúcido, todo era como el agua virgen que nace de una montaña, como la nieve en el momento que viaja por el cielo, como el alma y el corazón de quien llora por amor, como esos ojos que, al mirarlos, te invitan a confiar tu vida….

Allí era posible descubrir las entrañas de la felicidad, desvelar el verdadero aroma de un suspiro, mirar a los ojos, sin velo que lo cubriera, al verdadero rostro del amor. Era el lugar idóneo para quienes quisieran comprobar si lo que latía en su pecho era real o ilusión.

A tal grado se elevaban, en ese mundo, los sentimientos, que una joven soñó con ser uno de esos espíritus que, un día, poblaron esa tierra. Quería saber si el amor que habían preñado sus sueños era semejante al verdadero, y como si la hubieran oído, o la estuvieran esperando, su mortal cuerpo se desvaneció, lentamente, hasta convertirse en una de esas estelas que habitaban en ese aire.

Y todo ese mundo que sus mortales ojos no eran capaces de vislumbrar, cobró vida y tomó forma cuando lo contempló con los del alma.

¡Estaba allí!

Tan solo un débil puente de madera, que encarnaba las miserias humanas, la separaba del sueño.

Empezó a cruzar, lentamente, vestida de espíritu, esa frágil pasarela y toda la niebla que cubría ese mundo empezó a desgarrarse en pequeños jirones para acabar mostrando los tesoros que encerraba.

Su alma, según se adentraba, era capaz de descubrir nuevos sentimientos, pero en su pecho solo cabía una idea: encontrar la estela del Amor.

Con la tensión de quien espera una noticia que puede cambiar su vida, la joven sacó su corazón, lo dejó en el aire y empezó a viajar hasta que una de esas invisibles estelas lo envolvió entre sus suaves manos.

La joven empezó a sentirse presa de una loca carrera de emociones que la liberaban; las lágrimas de la otra vida murieron al instante; los temores que, un día, tuvo, se transformaron en nuevos caminos en los que brillaba una luz; en fin, todas esas espinas, todos esos miedos y dolores, esos viejos harapos con los que se viste el mortal amor, murieron en el instante en el que sus ojos rompieron la barrera que separaba su corazón del alma.


La consolaba el hecho de que en su pecho hubiera reflejos del verdadero amor, pero descubrió que con solo atravesar la débil pasarela del alma, vistiéndose de aire, podría ser esa agua virgen, una de esas estelas que es capaz de llenar de eternidad el mundo que se pisa.

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