lunes, 13 de noviembre de 2017

EL  PUENTE DE LOS SUEÑOS



Quiso volver a ese lugar que jamás olvidaría, a ese puente en el que sintió, por primera vez, que unos ojos la miraban de manera sincera y limpia y que le pedían algo más que una sonrisa agradecida.

Supo que en el fondo de esos ojos latía el mismo deseo que el que ella forjó en su corazón en esos momentos solitarios y de silencios, en esas noches de luna serena, en esos paseos en los que dibujaba al hombre que colmaría sus sueños. Ese día, en ese puente, esa mirada se adentró en su alma, con tal fuerza que se rindió, gozosamente, a su sentimiento.

Había suspirado porque llegara ese momento, lo había imaginado comparándolo con otras bellezas que, de alguna manera, habían satisfecho su sed de amar, creía estar preparada para cuando llegara ese día, pero, ¡oh Dios!, jamás pudo imaginar que el corazón pudiera abarcar tanta felicidad.

Todos los sueños se hicieron realidad en un segundo, en ese minúsculo tiempo en el que dos miradas se cruzan y dejan al descubierto sus almas.

Y fue ese tiempo el que ella necesitó para saber que, en esas tranquilas aguas que cruzaban bajo ella, estaba grabado el nombre de quien le había robado el corazón.

Sus ojos azules se clavaron en ese punto y todo se vistió del mismo color: el río, el ropaje que la cubría, el cielo, incluso diría que su alma, esa alma que ya había salido de su cuerpo para navegar por el río junto a quien estaba marcando su vida.

Una luz tibia, tamizada por las nubes, dejaba tintes de plata en el aire y contorneaba el perfil de la joven. Contemplarla, era ver una perfecta réplica de Afrodita, una maravillosa estatua mirando un río, porque todo su ser, toda la vida que ella contenía, habitaba en esas aguas junto a su amado.

Pero esa inmóvil figura era una incesante fuente de pensamientos que nacían de su pecho y amerizaban en el río, y uno de ellos era el de verse navegando junto a él mientras una estela de luz enmarcaba sus sueños, daba brillo a sus suspiros y sus miradas volvían a revivir aquella que dio lugar a que ahora volviera a ese lugar.

Cualquier idea en la que los dos estuvieran juntos tenía lugar en su mundo, y ese mundo era tan extenso que cabía lo imposible y lo infinito.

Seguramente, ese río acogió, también, sus felices lágrimas, sus aguas llegaron a sentir el roce de esa imaginaria barca en la que ella y él viajaban, el cofre de los secretos, ese que todo espacio habitado por el agua guarda en sus profundidades, quedó ocupado por una nueva historia de amor; en fin, ese día, ella volvió a revivir esa mirada sincera y limpia que abrió, en su corazón, el inimaginable mundo que espera a quien ama y se siente amado.

Ese día, una luz azul iluminó el puente de los sueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario